Septentrional

Ah, la maldita costumbre de hurgar en la llaga y pasar lista de asistencia a las heridas y las cicatrices, a los dolores pasados y presentes y futuros. Sobre todo a los presentes. Sobre todo a los que se vislumbran en el horizonte. Válgame. No cabe duda que hay  noches propicias para regodearse en los agobios. Noches como ésta, en la que como pocas veces y por razones personales que no vienen al cuento, los ánimos están, más bien, desanimados, reducidos a polvo y paja. Endebles. Debería alejarme del teclado. Lo sé. Lo sé. Quizá ver una película. Esperar esa llamada o ese mensaje que no quiero recibir. Algo. Todo menos escribir. ¿Por qué? Vaya, en principio porque la gente que se autoflagela y -como decía mi madre- “que se tira al suelo para que la levanten” es, por decir lo menos, detestable. Más la que hace públicas sus miserias. La lástima -junto con el odio- es de los pocos sentimientos que no me permito. Ni provocarla; ni tenerlo. No se me malinterprete. No se me pregunte si estoy bien porque sí lo estoy. Escribo estas líneas con otros afanes. Uno de ellos es la disciplina. Me prometí que si retomaba este blog lo haría bajo la condición de la escritura a toda costa (siempre y cuando fuera humanamente posible y no me ganara el aburrimiento o una buena cena). De ahí que, etc. Otro (des)propósito por el que escribo hoy consiste, precisamente, en acudir a esa vieja manía que tengo de desglosar minuciosamente las penas, de colocarlas sobre la mesa, de dilucidarlas, de nombrarlas y acomodarlas en sus respectivas cajitas de cristal. Esto va en la ausencia. Aquello pertenece a la nostalgia. Esta parte corresponde a la distancia. Esta otra a la memoria… Placer perverso de alfileres sobre los lomos de las mariposas secas.  Estrategia clasificatoria que ordena y jerarquiza las penas, las expone en pequeñas vitrinas para el goce/sufrimiento personal desde las soledades compartidas. Noches como hoy son propicias, ya lo dije. Agrego: noches como hoy son propicias para dejarse habitar por la tristeza. Umbrales adecuados para lo que habrá de venir.  Ausencias profundas y episódicas. Desprendimientos. Dolores futuros y presentes aciagos: aquí estaremos, sin estoicismos baratos ni resignaciones inútiles. Vengan con todo. No nos moveremos ni un ápice.

Sea pues.

Anuncios

¡Comenta!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s