Intuiciones

Cuando la vida se pone en mi contra y las cosas me van mal, el aspirante a escritorcillo que llevo dentro se alborota y salta de puro contento, casi tan alegre como quien se cansa de estar triste. Es sabido que la aflicción y la melancolía suelen ser buenos acicates para casi todo, pero en especial para la literatura (o para la más bella de las artes: la poesía). Mientras yo me apesadumbro, mi paredro escribe. Por otro lado, hay ocasiones en que la realidad supera a cualquier posible ficción, y nos desborda. Cuando algo así acontece, ocurre que el remedo de investigador que a veces soy se relame los bigotes al tiempo que le entra la urgencia de leer/escribir a diestra y siniestra. Sobre todo a siniestra. Afortunadamente, nuestro país es un himno al surrealismo, y tiene una experticia deconstructiva fenomenal. Así que nunca falta material para soliviantar tanto al que se pretende escritor como al que finge investigar. Tampoco faltan las ganas. De lo que andamos escasos por acá es de minutos para hacer todo lo que se tiene que hacer.

Por la mañana afirmaba en Facebook -ese bendito escaparate que, como dice Sibilia, permite hacer de la intimidad un espectáculo- que nuestro país es tan fantástico que un llamado a la unidad profundiza y radicaliza nuestras diferencias. Y lo decía como un guiño a la diversidad y al pluralismo en tanto valores cívicos, qua condiciones sine qua non para la construcción de lo democrático. Pensaba continuar esa idea por la tarde/noche. Pero luego de leer la lúcida columna de Jesús Silva-Herzog Márquez (Contra la unidadya hay muy poco qué decir. En todo caso, quizá valdría la pena ir más allá de la coyuntura que gravita alrededor del #VibraMéxico y colocar por ahí alguna serie de intuiciones, de posibles ejes a indagar en este terreno . Ello con la intención de entender por dónde masca la iguana. Desde luego, a bocajarro y sin demasiado ton ni son porque, como ya dije, hay que lavar los trastes y alistarse para el día siguiente.

  • Así, pienso por ejemplo en la necesidad de profundizar el conocimiento que tenemos con respecto al grado de legitimidad/(in)eficacia simbólica de la arquitectura institucional. Tal como están las cosas, pareciera que ésta ha llegado al límite de su vigencia. Buena parte de las encuestas (desde hace por lo menos tres lustros) ponen de relieve lo anterior.  Pero me parece que esos instrumentos rozan apenas la superficie. Debajo de ésta, creo, hay un hervidero de desencantos y agravios acumulados que se le escapan a las cifras, a los datos duros. Hay que averiguar cómo se articula el desencanto en el plano de la vida cotidiana.
  • Las diferencias, el pluralismo y la diversidad, creo firmemente, constituyen ejes fundamentales para la construcción social de un espacio público democrático. Llámenme ingenuo, pero todavía tengo esperanza en la posibilidad de encontrar mejores formas (deliberativas) para estar juntos. Como quiera que sea, los valores cívicos-democráticos no están libres de riesgos (como casi nada). La frontera entre la defensa de una postura y el umbral del fundamentalismo es bastante porosa. En un contexto como ése toda posibilidad deliberativa se estrella en el muro de las superioridades morales que se adjudican la patria potestad del desacato, de la protesta.
  • En las últimas dos décadas, años más, años menos, la sociedad civil (lo que sea que se entienda por este término) ha acumulado un conjunto de saberes organizativos y experticias comunicativas cruciales. Ello les ha permitido incidir, de una u otra forma, en la arquitectura de lo público (como un territorio en el que hay significados en disputa). Pienso en la movilización social, por ejemplo. Hoy, ésta es muchas cosas. Pero sobre todo dos: 1. Una instancia productoras de sentidos, en donde se articulan objetivos comunes e intereses compartidos que inciden en la hechura de una subjetividad política bastante interesante; y 2. Una caja de resonancia en donde reverberan buena parte de los núcleos temáticos que interpelan a amplios sectores de la sociedad.  Si a todo ello le sumamos tanto el conjunto de oprobios y agravios que hemos acumulado a lo largo de nuestra historia; como las escasas/nulas vías institucionales para canalizar el desencanto, tenemos ante nosotros un coctel explosivo altamente inestable.  #VibraMéxico es un ejemplo -dócil pero ilustrativo- de los posibles escenarios que nos esperan (¿alguien dijo 2018?).

En fin, por ahí veo que anda la cosa. Solo quería dejar puestas aquí algunas intuiciones a las que seguro volveré (y de las que ya he hablado en otros espacios). Lo que sí me importa hoy es colocar una interrogante que creo fundamental dada nuestra circunstancia: ¿Qué hay en el horizonte futuro para la construcción de lo democrático? ¿El vacío y la nada?

Sea pues.

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Un pensamiento en “Intuiciones

  1. Comparto la emoción (algo entre vértigo y morbo) de que la sociedad civil (lo que sea que seamos) haga contrapeso generando sentido; cuando la norma ha sido camuflagearlo con lo que es “funcional”. No sé si estemos a la altura, pero como se me antoja morir en esa raya

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