Crónica de una marcha anunciada

Aquí lo que escribí el 28 de mayo de hace diez años, en lo que entonces era mi blog: (http://rencoria.blogspot.mx/2004/05/crnica-de-una-marcha-anunciada.html). Ese día creí que había tomado las mejores fotos de mi vida. Tenía una cámara análoga. Y entre las prisas y aventones, puse mal el rollo. Y no salió ni una… 

 

Zapopan 
A las afueras del auditorio 
Francisco Tenamaxtli 
14:27 horas
 

Salgo de una conferencia titulada «Subjetividad y realidad. Las formas de hacer política en la construcción del sujeto», ofrecida por el Mtro. Rafael Sandoval, del INAH Jalisco. El ponente estuvo bien y claro. Aunque, salvo el título rimbombante, me parece que había detrás de las argumentaciones expuestas tanto una especie de reduccionismo psicologista como un determinismo disfrazado de apertura sociopsicocultural. Además, en dichas argumentaciones (y sobre todo en el documento que nos hicieron llegar como preparación para la ponencia) se percibía una concepción un tanto sustancialista del poder, como si éste tuviese una existencia palpable y objetiva, y no fuera una cualidad de las relaciones sociales. Desde mi perspectiva, todo ello resultaba un tanto ingenuo, y así se lo hice saber al ponente. Yo prefiero pensar en un sujeto descentrado (y no decir —como sí lo hizo Sandoval— que la subjetividad crea la realidad). Esto no implica que yo piense que existe per se una realidad puramente objetiva. Más bien, me parece necesario romper con esas visiones dicotómicas kantianas-cartesianas que plantean el mundo como separado entre sujetos/objetos, buenos/malos, blancos/negros, (agregue usted la dicotomía de su preferencia). Para mí es mejor partir de un enfoque centrado en el actor, y poner énfasis en laestructuración de lo objetivo con lo subjetivo. Esto le otorga al análisis de lo social [y de lo político] una profundidad que las posturas analíticas de corte dicotómico no tienen. Pero bueno, ni al caso. Después de la susodicha conferencia pregunto entre mis pocos amigos si alguien va a ir a la megamarcha programada para la tarde de hoy. Nadie. Todos (incluido yo) tenemos un trabajal enorme. Yo lo entiendo, y decido ir solo, a pesar de la culpa que me produce (¿de la culpa que me produce?) dejar de lado un interesantísimo trabajo (¿interesantísimo?) que estoy haciendo con respecto al Mercosur. Casiopea y Sísifo me dan un aventón hasta la tiendita de papáRoger, en el desenfrenado skybluemóvil. 


Zapopan 
Alrededores de 
la Prepa 7 
15:10 

Llego a la tiendita del Roger porque necesito recoger una cámara que me va a prestar el famosísimo Gkrtr (aka Jacinto Fernández). La mía (digital y todo) “fue sustraída” de mi departamento (junto con un estéreo superchingón, varios discos, chucherías, y quinientos dólares), allá en Tijuana, justo unos días antes de mi regreso definitivo a Guadalajara. De ahora que soy (otra vez) precario/becario del CONACYT no he tenido lana para reponerla. Resulta que la camarita no estaba en la tienda. Pido prestado el Shadow (con la dudosa promesa de dejarlo en casa del Gkrtr), y raudo y veloz me dirijo a casa a por la camarita (análoga, con el posterior y necesario proceso de revelado e impresión). El periférico está congestionado. Llego a casa del mencionado sujeto, casi quince minutos después, estaciono el auto, y entro a la casa para buscar la camarita. 


Zapopan 
Prolongación Av. Alcalde. 
15:50 

Decidí dejar el carro del Gkrtr en su casa. Espero el camión y noto que todos los (camiones) que pasan traen un vistoso letrerito que dice «Sólo centro». Comienzo a sentir la tensión (no he hablado del calor, ni quiero hacerlo todavía, porque de sólo pensarlo, sudo de nuevo). Me subo en uno de esos color crema y rojo (tipo 275), vacío, viejo y destartalado. No había pensado en ello, pero me doy cuenta que a la cámara le faltan pilas y rollo. Continuo el trayecto y decido bajarme en la parada del Gigante Tránsito, para comprar lo que la cámara necesita para portarse bien. No lo había notado, pero siento unas miradas extrañas de casi toda la gente. Tampoco estoy vestido de manera estrafalaria: camiseta gris, pantalón de mezcilla azul, botas café. Nada fuera de lo normal. Tal vez sólo sea mi paranoia. Tal vez sea el pañuelo negro que… Pido la parada y me bajo del camión. Entro al Gigante y el aire acondicionado, etcétera. 


Guadalajara 
Calle San Felipe 
16:22 

Esta vez abordo un autobús de la Alianza, creo que era un 52B, que también traía su respectivo letrerito de “Sólo Centro”. A la altura de San Felipe y Alcalde, el chofer nos comunica lo evidente: que ya no se puede avanzar más, porque las calles están cerradas. Todos los pasajeros desalojamos el autobús. Doy vuelta en San Felipe, y camino hasta el cuartel de la quinceava zona militar. Quería ver si había movimientos extraños por ahí. Nada, el ambiente está muy quieto. Demasiado quieto. Caminó por la calle de Santa Mónica hacia el centro. Me encuentro con barricadas a la altura de la calle de Pedro Moreno. En las barricadas hay una pequeña abertura por la que sólo puede pasar una persona a la vez. Los agentes de seguridad, ataviados de negro, están atentos, vigilando a todo el que pase por ahí. Logro llegar a la avenida Hidalgo. El silencio y la falta de tráfico inusuales de estas calles hacen que el ambiente se sienta aún más tenso, y todo es casi como una premonición de lo que vendrá unas horas después. 


Guadalajara 
A las afueras de Catedral 
17:01 

Me planto frente a la barricada que está sobre la Av. Hidalgo, y le saco algunas fotografías a los policías antimotines. Av. Alcalde está tremendamente vacía. En frente de la Rotonda de los y las Jalisciences Ilustres hay un pequeño grupo (unas veinte personas) que sostienen una manta. No lanzan consignas. Posan para mi cámara. Me doy vuelo sacando fotografías, aprovechando el desierto desolador en que se han convertido estas avenidas. La catedral no está cerrada. Algunos turistas escogieron un mal día para venir a visitarla. Bajo por la Av. Alcalde, hasta llegar a Juan Manuel (donde hay otra barricada). Le pregunto a un agente de tránsito si tienen noticias de la marcha. “Se están juntando en la Minerva”, me contesta. Le doy una palmada en el hombro y le deseo suerte. Decido continuar mi recorrido para llegar a la Minerva. Me enfilo hacia el Sanborns de Vallarta. Volteo el rostro para contemplar de nuevo el inusual vacío de aquellas avenidas. Tensión. Calor. Hormigueo en el estómago. 


Guadalajara 
Av. 16 de Septiembre/Vallarta/ 
Federalismo/Enrique Díaz de León/Chapultepec/Unión/Los Arcos 
17:24 

Calculo que la marcha saldrá a las 18:00 de La Minerva. Todavía circulan algunos autos por Av. Juárez, a la altura de 16 de Septiembre. En esta zona hay un poco más de gente caminando. Camino hacia Federalismo. El trayecto hasta la Minerva es bastante largo para hacerlo a pie (y más con la condición física que tengo). No importa, quiero observar los rostros de la gente para ver sus expresiones. En el trayecto entre 16 de Septiembre y Federalismo me encuentro con varias personas, en su mayoría mujeres. Pienso que muchas de ellas recién salen de trabajar y se dirigen a sus casas. No sé si sepan que para esas horas el transporte urbano estaba hecho un caos. Algunas me voltean a ver. Creo que la cámara al hombro me delata. Saco una botella de agua de mi mochila. Es seguro que va a ser insuficiente. El calor se acentúa conforme doy cada paso. Llego al Parque Revolución, sudando copiosamente. Noto que en los jardines de ambos lados hay personas sentadas esperando, supongo, el arribo del contingente. Saco unas fotografías de dicho Parque. Continúo mi camino. Es notable que el tráfico haya disminuido en tan poco tiempo. Supongo que cerraron el paso unas calles más atrás. Hay gente afuera de casi todos los negocios. Me imagino que también esperan. A la altura de Enrique Díaz de León, hay varias personas sentadas en las jardineras del edificio administrativo de la U de G. Sigo caminando sobre Av. Juárez. Doy otro sorbo de agua a mi botella que cada vez parece más pequeña. Limpio mis lentes porque se han empapado de sudor. La gorra que llevo puesta tiene un arillo negro alrededor, también de sudor. El flujo de personas comienza a disminuir. Durante todo el trayecto he visto cuando menos a un agente de tránsito en cada calle. Unas calles antes de llegar a Av. Unión, dos agentes de vialidad cierran el tráfico definitivamente. El contingente está por salir. Apresuro el paso. Quiero encontrarlos antes de que abandonen los Arcos. Buena parte de los comercios y bares de que se distribuyen a lo largo de Av. Vallarta están cerrados (o están cerrando). La bodeguita de enmedio sigue abierta. A la altura del Centro Magno me encuentro con un grupo de personas que se dirigen hacia la Minerva. Sigo caminando. 


Guadalajara 
Los Arcos 
18:07 

Llego justo antes de que el contingente se ponga en marcha. De entrada, es impresionante la cantidad de gente que se ha juntado aquí. Calculo (de manera subjetiva y poco confiable) entre 3000 y 5000 personas. Al frente de la columna están los del sindicato de Euzkadi. Creo que también participan algunas personas de sindicato de trabajadores de la CFE. Saludo a algunos conocidos que también van al frente, subidos en una camioneta azul en donde llevan agua y otros víveres. Me integro al grueso de la columna y comienzo a sacar algunas fotografías. Comienzan las consignas: “Cuba sí, Yankis no”; “Si Fox pudiera, a su madre la vendiera”; (desgraciadamente no anoté ninguna, y mi memoria es malísima. Si alguien sí lo hizo, le ruego que me las envíe, se lo agradecería bastante). Al frente hay varios jóvenes con pequeñas banderas de Cuba, algunos retratos tipo máscara de Marx, de Bush, de Lenin, de Aznar, y otros. Alguien trae una máscara de látex, con el rostro de Bush, y el sombrero de copa característico del Tío Sam. El paso es más o menos rápido. Una señora me da unas hojas con una declaración hecha en Cuba. Otra mujer, vestida de verde, y trepada en sendos zancos, lleva el rostro tapado por una especie de pasamontañas. Ella me entrega unos flyers y “desaparece” entre la multitud, bailando. Las consignas siguen. Me detengo unos minutos para sacar algunas fotografías. Viene una batucada compuesta en su mayoría por mujeres. Casi todos los miembros de este grupo llevan en el rostro un pañuelo de color rosa mexicano. “Hacemos la revolución bailando” grita un joven por un altavoz. Este grupo es menos numeroso que el que va más al frente (el de los sindicatos). Saco más fotografías. Aminoro la velocidad. Atrás de la batucada viene un grupo con una formación interesante. Casi todos visten colores oscuros, en un estilo que me atrevería a denominar (con temor a equivocarme) como anarcopunk, o algo así. Ellos y ellas forman, literalmente, un bloque homogéneo al que no se puede entrar: el perímetro del bloque está definido por varias personas que van tomadas de la mano. Casi todos ellos llevan el rostro cubierto. No me quedaba claro el objeto de marchar de esa manera, hasta que vi cómo funcionaban. Llegamos a la altura de una sucursal bancaria, y del bloque humano salieron aproximadamente cinco personas. Una de ellas traía un bote de pintura en aerosol, con el que escribió consignas en los muros de dicha sucursal. Mientras, los otros, intentaban evitar que sacáramos alguna fotografía. En no menos de una ocasión hubo conatos de bronca por esto entre los miembros que salían del bloque, y algunos elementos de la prensa. Luego de hacer las inscripciones en los muros, el grupo se integraba al bloque del que había salido, y se perdía entre el resto. Todo ello en cuestión de segundos. Esto se repitió durante todo el trayecto. Unas calles antes de llegar al cruce de 16 de Septiembre y Av. Juárez me adelanté al contingente porque quería observar cómo estaba la situación allá. Para entonces estaba hecho una sopa, empapado de sudor, y (muy) cansado. Al llegar ahí había un vochito con un equipo de sonido, desde el que se iba dando la bienvenida a la marcha. Sobre Alcalde, entre Suburbia y Milano, había otra barricada. Pero esta sí se veía impresionante. Estaba custodiada por unas diez o quince filas de policías antimotines, con sus uniformes negros, tipo Robocop. En los rostros de estos se notaba la tensión: tenían apretados los dientes, no hablaban, y tenían la vista fija, parecían extremadamente concentrados, protegidos detrás de la barricada y sus escudos de policarbonato. Detrás de ellos había un espacio vacío. Luego, otro grupo de antimotines. Había poca gente ahí. Me acerqué hasta ellos, trepé la valla y les tomé algunas fotos. Ni se inmutaron. Policías, reporteros y curiosos estaban más bien esperando el arribo del contingente. En todo esto hubo algo que me llamó mucho la atención. Lo platico para ver si alguien más se dio cuenta de ello. Antes de la llegada del grupo que venía marchando, algunos policías se afanaban en reforzar, con cadenas y candados, las vallas que servían de barricada. Dentro de este grupo, me sorprendió ver a dos personas vestidas de civil, con camisas y gorras de mezclilla. Tanto en las camisas (con letra pequeña), como en las gorras, estaba escrita la leyenda: “Facial recognition team”. Desconozco si fue casualidad que dichas personas trajeran esta ropa, ese día en específico y no tenían nada que ver, o si son parte de alguna corporación, o si eran extranjeros (aunque no tenían finta de serlo) que estaban asesorando a la policía local. No sé, pero me dio mala espina, y por eso lo comento. Faltando un cuarto de hora para la siete, llegó el primer grupo del contingente, que estaba formado por el sindicato de trabajadores de Euzkadi. Y así, poco a poco más gente iba llegando hasta el cruce de Juárez y Alcalde, sin llegar hasta el lugar donde estaba plantada la barricada. Hasta que llegó el bloque al que refería más arriba. Ellos sí que se acercaron hasta donde estaban los antimotines. Y vaya que si se acercaron. Lo que siguió de ahí ya no lo cuento, porque seguro que ya lo vieron por TV. Además, no quiero preocupar a la Clau ni al Roger, ni al Gkrtr. 

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