Apuntes para domesticar el desconcierto. Hacia la (auto)explicación de la Reforma del Estado

Hay un viejo chiste que sale a colación casi siempre alrededor de la época en la que están en su apogeo las festividades navideñas. Una de las muchas versiones que hay de tal chuscada cuenta las vicisitudes de  una pareja que tenía un hijo en extremo optimista, al grado de llegar a ser molesto. Frente a ello, los padres, apesadumbrados por la candidez del niño, se empeñaban constantemente en otorgarle al pequeño una cierta dosis de realismo. Así, creían, sufriría un poco menos en la vida. De modo que en nochebuena, los preocupados progenitores decidieron dejar bajo el árbol, como único regalo, un envoltorio que contenía un enorme y frondoso excremento de caballo.  A la mañana siguiente, los padres se despertaron sobresaltados por el alboroto y la algarabía producidas por el infante, quien danzaba por toda la casa. Éste corría a las habitaciones y miraba debajo de la cama; salía al jardín, abría y cerraba las puertas, desesperado, siempre con el envoltorio en las manos. Cuando por fin el chiquillo se tomó un respiro de tanto ajetreo, los padres intrigados por saber si su experimento había resultado, le preguntaron: ¿Hijo, qué te pasa? A lo que éste contestó, con lágrimas de felicidad en los ojos y una enorme sonrisa: ¡es que esta navidad me han regalado un caballo, solo que todavía no lo encuentro!

El chiste viene  a cuento porque ilustra en buena medida tanto lo que ha ocurrido en los últimos meses en el campo político mexicano como la situación en la que ello nos ha colocado. En particular me refiero a la reciente Reforma del Estado, (hacendaria, financiera, edu-laboral, telecomunicacional y, por supuesto, energética) sus pocas posibilidades y sus muchas vicisitudes. Así, en lo que sigue, desglosaré una serie de apuntes que, sin un orden jerárquico específico, me ha servido como coordenadas para domesticar un poco el profundo desconcierto que me habita. Las comparto, en primer lugar, porque creo firmemente que en la medida en que uno es capaz de identificar lo que ocurre en el entorno, también está en posibilidades de transformarlo. En segundo lugar las expongo puesto que estoy cierto que pueden ser de utilidad para alguien más aparte de mí. Esto es así porque creo que constituyen ámbitos de intervención bastante claros. Y por supuesto, las comparto porque considero que la producción de los saberes funciona mejor cuando se efectúa de manera colectiva. Están dividas en dos tipos. Unas son de carácter descriptivo. Otras apuntan más hacia la delimitación de condiciones de posibilidad para la acción social. Van:

  • En principio, resultan más que evidentes tanto la fragmentación brutal de lo que en este país se denomina “izquierda”, como la precariedad de buena parte de los posicionamientos y discursos de ésta. Por una parte,  el lamentable infarto de Andrés Manuel López Obrador puso de relieve algo que ya se intuía, es decir, la  falta de liderazgos sólidos en esa ala (¿quién podrá ayudarlos? ¿su hijo? ¿Marcelo? ¿Martí Batres? ¿Encinas? Tarea complicada). Sin el líder al frente, ese sector aparece en la escena pública como un ente que está, por decir lo menos, un tanto desarticulado.
  • Por otro lado está el penoso desfiguro del diputado perredista Antonio García Conejo. Y en este punto quiero hacer un paréntesis: en muchos otros lados he afirmado que cada vez es más importante el componente performativo en la dimensión formalmente instituida del campo político. Pero para que éste sea efectivo se requiere que tenga cuando menos un significado (político) profundo. Lo que hizo el diputado García aparte de ser penoso y desafortunado es, completamente, un gesto vacío: no es, pues, ni ético ni estético.[1] Y si se lleva el argumento hasta sus últimas consecuencias, puede decirse que diputado encarna en sí a lo que Žižek y otros denomina como particular-universal: constituye un síntoma del estado en el que se encuentra nuestra clase política (y digo “nuestra” con las reservas del término: aún cuando de ningún modo me representan, pago parte de sus comidas, de sus casas, de sus carros, de sus viajes, de sus lujos, de sus bebidas, y de no sé cuántas cosas más). Dicho de otro modo: la vigencia de la institucionalidad formal en la que estamos metidos ha llegado al límite. Hay que, en consecuencia, seguir el consejo de Lewkowicz: es preciso atrevernos a pensar sin Estado.
  • Aunado a lo anterior se tiene que el papel de algunos medios de comunicación (televisivos, radiofónicos, impresos) ha contribuido de una manera importante a la criminalización de la protesta. Desde hace varios meses, en ocasiones hasta de un modo ordinario, burdo, el discurso mediático colocaba a aquellos que salían a las calles a manifestarse muy cercanos a la barbarie. Basta asomarse a los encabezados de las notas publicadas en torno a, por ejemplo, el conflicto magisterial en el que está involucrada la CNTE para darse cuenta de ello. Veamos uno de los tantos titulares: “Presunta integrante de la CNTE lesiona a dos policías” (Excelsior, 26/11/2013). El contenido de la nota es una delicia. Veamos un fragmento:

“En un comunicado, la dependencia indicó que esa mujer lesionó con un artefacto punzocortante a la elemento del agrupamiento femenil América Polea Ramos, causándole una herida de 10 centímetros en el brazo izquierdo y dos de tres centímetros en el brazo derecho. Asimismo, Efraín Barboso, del agrupamiento Relámpago, también resultó lesionado con la misma arma blanca en la mano y muslo izquierdos; ambos fueron trasladados a un hospital privado para su atención”. [2]

  • Por supuesto, no pretendo hacer aquí un análisis sistemático del discurso mediático en torno a las movilizaciones sociales. Eso se lo dejo a quienes se considera expertos. No obstante, sí me interesa poner de relieve un par de detalles (por demás evidentes) que ejemplifican el modo en que las intervenciones mediáticas tienden a incidir en la arquitectura de eso que los comunicólogos llaman “opinión pública”.  El primer punto radica en el desdén con el que el diario se refiere a la integrante de la CNTE.  Para el Excelsior, María López Sánchez, la supuesta agresora, es: “esa mujer”, así, casi una cosa amorfa y sin apelativo. En cambio, las “pobres víctimas” son nombradas, son humanizadas, aparecen como personas de carne y hueso, susceptibles de sentir dolor. La descripción que se hace en el diario acerca de sus heridas abunda en ello. Incluso nos hace saber las características del arma, y el lugar en el que los indefensos policías fueron atendidos. En cambio, no ofrece absolutamente ningún dato en torno a los motivos que detonaron el incidente, como si el origen de la protesta no importara. Tampoco se informa acerca de los antecedentes de María, de su historia. Despojar a alguien de su biografía equivale a deshumanizarlo. María es presentada como “esa (monstruosa) mujer”. La reciente aprobación de la Ley que busca regular las manifestaciones públicas en el DF bien puede ser leída como un correlato magnífico de lo anterior.
  • Sin afán de profundizar en los tecnicismos teóricos que hay detrás de este asunto, sí es posible aseverar que lo público adquiere significado en la medida en que lo percibimos como algo cercano. Evanesce en función de lo distante que nos resulta. Esta cercanía/distancia con respecto a lo público (y las posibilidades de influir en la arquitectura de la opinión pública) se evidencia en la diferencia que hay entre el “esa mujer” y la “herida de 10 centímetros en el brazo izquierdo y dos de tres centímetros en el brazo derecho”. En este mismo punto, vale la pena intentar un ejercicio de imaginación: a) Piense en la profesora de primaria que más recuerde; b) Ponga en sus manos un desarmador o alguna otra “arma” punzocortante; c) Colóquela frente a dos granaderos entrenados, uniformados con sus respectivos cascos, escudos y chalecos antibalas; d) Imagine la cruenta batalla entre la profesora y los dos policías (uno de éstos es mujer), y todo lo que tuvo que haber ocurrido para que los representantes de la autoridad resultaran heridos; e) Entorne los ojos y sonría irónicamente.
  • En este mismo sentido, sin duda en los próximos días comenzarán a presentarse diversas encuestas encaminadas a incidir en la orientación de la opinión pública. Por lo pronto,  GEA-ISA ya contribuyó con su parte. El 12 de diciembre en InfoLatAm[3] aparecieron los resultados de un sondeo realizado en noviembre (sí leyó usted bien, un sondeo) que afirmaba que dos terceras partes de los mexicanos sienten “miedo y enojo por la situación del país”. ¿Las causas?  El descontento por el manejo de la economía y, por supuesto, la inseguridad.[4] Esto tenía como consecuencia una evaluación a la baja den términos de la gestión del gobierno (y en particular de la calificación que se le otorgaba al presidente). Hasta aquí las cosas no suenan tan descabelladas. No obstante, el resto de los datos expuestos por GEA-ISA pueden interpretarse de otro modo. Me refiero específicamente a que en el sondeo se plantea que el 36 % de la población en México siente “mucha esperanza”. Aclaro: no es “malo” que haya quien cree que no todo está perdido. Claro que no. Más bien, me parece necesario estar en guardia cuando en dicha encuesta se postula el reto crucial para el 2014  (reto que de cumplirse pondría “contento” al pueblo y seguramente contribuiría a incrementar el porcentaje de quienes están en la fila de los esperanzados): una gestión gubernamental de calidad, eficiente, que le diera continuidad a las reformas instrumentadas en el 2013 (i. e. elaboración de las legislaciones secundarias en materia de telecomunicaciones y energética) y que generara crecimiento económico. Según dicha casa encuestadora (por lo menos en términos de lo que aparece en la nota citada) lo que quiere el pueblo mexicano para ser feliz son, nada más y nada menos que reformas. ¿Suena familiar? Claro que sí. Arrojemos una hipótesis acerca del por qué lo planteado por GEA-ISA nos hace un cierto eco y reverbera.
  • La campaña publicitaria instrumentada para legitimar sobre todo la Reforma Energética ha sido de naturaleza intensiva y extensiva. En este punto hay que destacar que el uso de las tecnologías del conocimiento y en particular el aprovechamiento de las plataformas virtuales para la socialización (i. e. Twitter, YouTube[5]) es un componente que ahora es preciso incorporar al análisis.[6] En este sentido, a manera de ejemplo, puede destacarse que en agosto de 2013 el gobierno federal echó a andar una campaña a través de Twitter en la que socializó el hashtag denominado #ReformaEnergéticaSÍ, el cual, de acuerdo con Merca2.0, tuvo 38 millones 346 mil 721 impresiones.[7] En otra parte he insistido en la necesidad de ampliar las posibilidades de la política. Creo sin duda que el espacio virtual/simbólico es, precisamente, uno de los lugares por excelencia para que esto ocurra.
  • La gestión del calendario legislativo fue impecable. Ello en términos de impulsar a toda costa la aprobación de la reforma energética en las distintas cámaras. Como sabemos, es frecuente que los legisladores “saquen sus pendientes” prácticamente al cuarto para las doce. En cambio, con esta reforma adelantaron el proceso algunas semanas. Suena a teoría conspirativa, pero me parece que el timing de las negociaciones fue perfecto (i. e. de madrugada; en fechas donde confluyen aspectos como los festejos navideños, las celebraciones guadalupanas, la final de futbol, periodos estudiantiles de final de semestre o vacacionales, entre otros).

Hasta aquí algunas de las coordenadas descriptivas de lo que he podido recopilar en torno a la reforma del Estado actualmente en marcha. En los párrafos siguientes enumeraré algunos ámbitos que, desde mi perspectiva, constituyen espacios de posibilidad para la acción, la manifestación y el desacato.

  • Es preciso poner de relieve que buena parte de los recursos naturales (la reforma energética no se refiere solo al petróleo, sino al gas natural y a la producción de electricidad) están en territorios indígenas. Hasta el momento, son pocas las discusiones que le prestan atención a esta temática. A estas alturas resultaría fundamental incorporar un enfoque de derechos humanos a los asuntos vinculados con la reforma energética. Esto no se reduce solo a la cuestión indígena. No obstante, dadas las condiciones de vulnerabilidad a las que estos sectores están expuestos, es crucial poner atención en ello.
  • En la medida en que se posibilita el ingreso de capital privado a un sector estratégico, también se intensifica la actividad productiva en torno a esto. En otras palabras, se abre la puerta a la sobre-explotación los recursos. Así, puede decirse que la extracción de energía para el consumo humano es uno de los procesos “industriales” menos amigables con el medio ambiente. Es preciso que los especialistas en el tema ambiental se preocupen y ocupen, es decir, que hagan diagnósticos y pronostiquen de manera certera la diversidad de riesgos ambientales asociados con la reforma energética.
  • Ahora bien, no de los aspectos positivos de todo este proceso tiene que ver con la arquitectura de lo público. De manera específica, un subproducto de la reforma energética (y en general, de la reforma del Estado) tiene que ver con la presencia del tema en prácticamente todos los medios (electrónicos, alternativos, impresos, etc.) y ámbitos (sociedad civil, ciudadanía de apie). Quizá más que nunca (y debido en buena medida  a la magnitud del conjunto de reformas), los ciudadanos comunes y corrientes pudimos contemplar el funcionamiento de los procesos legislativos (desde el diseño de la legislación, el cabildeo, los posicionamientos, los ires y venires de las minutas, las disputas y negociaciones que hay detrás, etc.). En una medida u otra, quienes antes estábamos poco informados al respecto, casi por ósmosis hemos incorporado a nuestro campo de relevancia términos como legislatura, cámara alta, minutas, comisiones, etc. Es imposible negar que esa información es fundamental para el propio ejercicio de la ciudadanía.
  • Por último, se precisa prestar mucha atención a la estructuración de las leyes secundarias que habrán de hacer operativas las reformas. He ahí donde estará la verdadera clave para dimensionar la magnitud de las vicisitudes y las posibilidades de la llamada “la madre de todas las reformas”, y de la reforma del Estado en general.

En fin, para terminar solo resta decir que el chiste al que aludí al principio de este texto resulta en extremo pertinente porque ilustra con precisión la coyuntura política por la que atraviesa hoy nuestro país: tenemos un enorme paquete de mierda entre las manos. No nos queda más que buscar a toda costa el caballo. ¿Para qué? Para domarlo a como de lugar. Aunque sea a patadas y echando espuma por la boca.


[1] Valdría la pena que el diputado García aprendiera un poco de algunas estrategias similares, que han probado ser más efectivas. Me refiero, por ejemplo, a Antanas Mockus, quien a mediados de los noventa, en el siglo XX, llevó a cabo un acto más o menos parecido al del diputado García (pero desde luego, con un significado más profundo): siendo rector de la Universidad Nacional de Colombia se bajó los pantalones frente a un auditorio lleno de estudiantes y autoridades universitarias. A diferencia del ridículo del diputado, para Mockus ese acto fue la inauguración de un proceso de cambio social en Bogotá. Encuerarse por encuerarse es, simplemente, encuerarse.

[2] La nota completa, con todos sus sesgos, puede consultarse en la siguiente liga: http://www.excelsior.com.mx/comunidad/2013/11/26/930752 Ahí puede verse

[3] La nota de InfoLatAm puede consultarse, íntegra, en la siguiente liga: http://www.infolatam.com/2013/12/12/dos-terceras-partes-de-los-mexicanos-sienten-miedo-y-enojo-segun-sondeo/

[4] En este sentido, son altamente significativas las declaraciones recientes del Secretario de Gobernación en torno a su insatisfacción con respecto a la inseguridad en el país. Una posible lectura de ello podría indicar que sus días en el puesto están contados. Habrá que prestar atención a qué es lo que sucede con él (y sobre todo, a quién lo sucede). Las palabras del Secretario pueden ser consultadas en la siguiente liga: http://eleconomista.com.mx/sociedad/2013/12/12/insatisfechos-nivel-inseguridad

[5] Estos spots pueden consultarse en el canal oficial del Gobierno de la República, en YouTube (http://www.youtube.com/user/gobiernofederal?feature=watch). En números gruesos, puede decirse que dichos spots superan por mucho al resto de los videos que se alojan en dicha plataforma (la mayoría tiene menos de diez mil visitas, mientras que algunos de los relativos a la reforma energética superan los dos millones).

[6] Resulta por demás interesante el trabajo realizado por Soto (2013) en términos del uso y orientación con respecto a los hashtags en Twitter. Éste análisis le permite argumentar en torno al Tecno-autoritarismo. El documento de Soto  puede consultarse en: http://desmesura.org/firmas/tecno-autoritarismo

[7] El ejemplar de la revista Merca2.0 del que se extrae esta información puede consultarse en esta dirección http://www.merca20.com/la-publicidad-detras-de-la-reforma-energetica/

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