En clave politica

 

Desde el nacimiento hasta la muerte, todo sujeto está doblemente inscrito en y desde la dimensión política. Por una parte, no bien ha terminado el alumbramiento, se pone en funcionamiento un complejo entramado institucional que tiene como objetivo registrar en lo real la llegada de un nuevo (proto)ciudadano o ciudadana. [1] Por otro lado, aunque al mismo tiempo, entra en juego un conjunto de aristas ancladas en diversos símbolos e imágenes que trazan una trayectoria, insisto, desde el nacimiento hasta la muerte, un ideal del deber que ha de seguir el recién llegado. Esto se ancla precisamente en un conspicuo y permanente proceso de diferenciación, de delimitación entre lo Uno y lo Otro/entre un Nosotros y un Ustedes (i. e. ropaje cerúleo para lo masculino, vestuario rosa para lo femenino).  La emergencia de esta frontera es precisamente el núcleo alrededor del que se estructura el campo político. Visto así, es cierto que la política es aquello que ocurre con los acontecimientos y actores  que dinamizan a la dimensión formalmente instituida de dicho campo (i. e. partidos políticos; procesos electorales). Pero también es cierto que la propia construcción de la subjetividad es en sí misma un ámbito de disputa. Como lo he sugerido en otras partes: la política se subjetiva en la medida en que la subjetividad se politiza. Desde luego, el análisis de lo anterior escapa a aquellas miradas ortodoxas que se enfocan solo en la dimensión formalmente instituida de lo político. Bajo esa óptica, pareciera que la vida cotidiana, aquello que nos hace ser lo que somos, no es políticamente relevante; pertenece, pues, de manera exclusiva al dominio de la antropología o de la psicología. Como si no importara para la política. Sin embargo, se requiere desplazar la mirada, de modo que sea posible efectuar otras lecturas, y dar cuenta de esos otros lugares en los que lo político adquiere densidad. Para ello es preciso asumir que toda relación social es desigual y, por ende, conflictiva. Hablamos de relaciones de poder. En tanto que lo anterior deja algún tipo de huella en lo público, entonces, se convierte en una relación de poder político. Es precisamente en esta especie de “giro especulativo”, por decirlo à la Žižek, en donde radica la potencia de repensar este campo… Todo un reto del que hay que hacerse cargo. ¿Se animan?  

 

Sea pues.


[1] La realidad nos ofrece una cantidad interminable de ejemplos que ilustran con precisión el punto al que aludo. A manera de muestra, baste referirse al cartón publicado por Rocha en La Jornada, el lunes 01 de febrero de 2010. Éste puede consultarse en el siguiente enlace: http://www.jornada.unam.mx/2010/02/01/cartones/1. Por otra parte, desde un ámbito más inesperado (la poesía), Alberto Caeiro, agudo y certero heterónimo de uno de los dos portugueses que me importan, señalaba lo siguiente: Si después de yo morir quisieran/Escribir mi biografía/No hay nada más sencillo/Tiene solo dos fechas/La de mi nacimiento y mi muerte/Entre una y otra/Todos los días son míos. La cantidad de reflexiones que podrían derivarse de  este fragmento merecen un tratamiento aparte. Quizá, un día con más calma, regrese a este asunto.  

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