Todas las muertes ¿la muerte?

Ah, la muerte.[1] Ambiguo cómplice; puerta y llave; protagonista y testigo. Morir(se) es la máxima apertura hacia lo Otro, hacia aquello que es incierto y desconocido. Y en este mismo sentido, expirar es a su vez una de las pocas certezas que nos brinda la vida. Conspicuo factor común, infranqueable destino manifiesto, la muerte es la última frontera, el umbral terrible que tarde o temprano, a todos, absolutamente a todos, nos espera. No cabe duda. No obstante, aún cuando nuestra propia mortalidad nos homogeneiza como especie, el modo en que la experimentamos nunca es universal, ni dado de una vez  y para siempre. Vivir la muerte es también vivir para la muerte. De este modo, la humanidad puede ser vista como ese magnífico bípedo con capacidad discursiva, abyecto, arrojado irremisiblemente hacia la muerte.

Dijimos ya apertura. Aludamos ahora al cierre. En este sentido, algunos piensan que morir equivale a poner el punto final a todo. Nada hay más allá. Para otros, fallecer no es más que un simple tránsito, el cruce del portal que conduce hacia la otra vida. Pero ¿quién sabe? Morir es el último misterio, el más insondable. Nadie hasta hoy ha vivido o muerto lo suficiente como para contarnos lo que hay del otro lado, si es que ese otro lado existe. Y precisamente por ello, ese último gran acto del ser humano está cargado de múltiples sentidos. ¿Qué es la muerte? ¿Qué es morirse? ¿Cómo se vive la muerte en los distintos rincones de este planeta?  Las respuestas a estas preguntas son amplias, diversas, y muchas veces opuestas. Baste recordar una, proveniente de Alberto Caeiro, ese agudo y certero heterónimo del entrañable Pessoa, quien a principios del siglo XX escribía sin aspavientos ni florituras :

Si después de yo morir quisieran

Escribir mi biografía

No hay nada más sencillo

Tiene solo dos fechas

La de mi nacimiento y mi muerte

Entre una y otra

Todos los días son míos

 Para finalizar, sería preciso que agregar al calce de lo dicho por Pessoa, parafraseando a otro de los grandes, que todas las vidas siempre son la vida, pero nunca todas las muertes son la muerte.


[1] Una versión reducida de este texto se utilizó como Editorial para la emisión del programa radiofónico del CUCSH, Diálogos del Pensamiento,  la cual salió al aire el 29 de octubre de 2013.  

Anuncios

¡Comenta!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s