Gravity

Con el cine me ocurre lo mismo que con la música: soy estándar y veo prácticamente de todo: desde las proyecciones ya amarillentas de finales del siglo XIX, hasta el éxito jolibudense más taquillero de nuestros días. Por supuesto, tengo cierta predilección por el cine mexicano, tanto aquel producido entre 1930 y 1950, como el grandioso y mexicanísimo género de ficheras. Como quiera que sea, cuando voy a algún establecimiento cinematográfico parto de la premisa que indica que no hay malas películas, sino malos lectores de filmes. En otras palabras, estoy cierto que quien se aburre frente a una película es porque le falta un colmillo, un tornillo, o algo parecido.

Hasta hace unos años, solía ir al cine con mucha frecuencia. A veces asistía a estos espectáculos dos o tres ocasiones por semana. Pero poco a poco, con la acumulación de la edad, el cuerpo se me fue llenando de ocupaciones que incidieron directa y negativamente sobre dicha práctica. Así que hoy asisto mucho menos al cine (lo cual no necesariamente equivale a que vea menos películas; benditos pasillos de la internet que lo tienen casi todo). Así que cuando voy a sabadear a algún foro que transmite películas, procuro hacerlo en toda la extensión de la palabra (es decir, con chesco, palomitas, 3D, y todo el ajuar). Aún cuando ya intuía lo que iba a pasar, decidí asistir a un conocido lugar para echarle un ojo a Gravity (Cuarón, 2013).

Intentaré no arruinarle la experiencia a quienes no la han visto. Pero si ése es el caso, a lo mejor conviene que detenga usted la lectura en este momento (sí, en este texto habrá cuando menos un spoiler). Aclarado lo anterior, en principio puedo decir que la cinta de Cuarón es un objeto audiovisual impecable. Destacaría sobre todo los efectos de sonido (y en general el soundtrack) y los efectos especiales. Éstos son, sin duda, el principal protagonista: desde el audio ominoso in crescendo/in decrescendo que abre y cierra la película, hasta los planos que muestran tanto la brutal soledad del infinito como la intimidad afectiva de Bullock, la propuesta de Cuarón (de los Cuarón, sería lo más correcto) está muy bien lograda. Insisto, es impecable.

Desafortunadamente, en este caso, estética no es ética. Lo que quiero decir con esto es que la trama es terriblemente predecible, puesto que se monta en la estructura narrativa más básica en la que un héroe tiene que atravesar y vencer un conjunto de vicisitudes para salir triunfante y transformado en algo mejor de lo que era antes. En este sentido, a los diez minutos de comenzado el filme, ya se sabe perfectamente en qué va a terminar y casi casi hasta cómo será el final. Ni siquiera el carisma de Clooney, la esbelta figura de Bullock, o el hindú (que en última instancia es el centro ausente de la trama) logran solventar este efecto anticipatorio. No hay un plot twitst, una vuelta de tuerca, que invite a participar a la audiencia. Como en todo producto cinematográfico que se nos presenta digerido, intuimos el resultado final. En el caso de Gravity sabemos de antemano que en la órbita terrestre los astronautas experimentarán las condiciones más adversas y harán hasta lo imposible por sobrevivir. Finalmente lo conseguirán, y regresarán a la tierra apenas con un par de rasguños (bueno, la que realmente retorna es Sandra Bullock. El resto, se los anuncio, perece de fea manera).

No obstante, a pesar de lo anterior, es decir, el carácter repetitivo de la historia, el filme logra transmitir claramente su intención. Ésta, por cierto, no es aquella que indica que la naturaleza del ser humano prevalecerá, y que somos una especie que se sobrepone a prácticamente cualquier condición que tenga en contra. Más bien, el mensaje es precisamente el contrario: lo que se pone de relieve es el carácter efímero y terriblemente vulnerable del ser humano. Basta un mal cálculo, un botón erróneamente presionado, para que ocurran las mayores desgracias. Estamos, pues, a un paso del abismo. Gravity no trata de la esperanza en el ser humano, sino de la estela de frío desencanto que queda luego de darnos cuenta lo pequeños e insignificantes que somos en el contexto del universo en sí.

PD

Como nota al margen: lo verdaderamente interesante del filme se encuentra en el correlato sugerido de manera sutil en torno a por qué estalla uno de los satélites rusos y provoca la situación que se explora en el guión de los Cuarón. Es justamente ahí donde radica una de las pocas posibilidades de interpelación ética de esta cinta en particular.

Sea pues.

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5 pensamientos en “Gravity

  1. Quisiera comentar su texto con otro igual, pero mientras hago una reseña (que me gustaría que leyera) le diré que concuerdo con lo que escribió.

    Me parece que se trata más de la experiencia y del viaje mismo que la historia.
    Con 90 minutos, muchos intuíamos las situaciones donde se desenvolverían los personajes y la historia (que a nivel narrativo) no daba para tanto.
    Aunque creo que habría que agradecerle que sólo duró hora y media (el tiempo necesario y justo).
    Coincido en que visualmente la película es todo un logro; en especial, la fotografía y los efectos digitales que son impecables.
    No sé que opine tal cual del 3D (del cual no soy gran admirador), pero creo que si bien no es algo para volverse locos, pagar por verla en ese formato valió la pena.
    Además, la música le da ese toque de tensión necesaria a cada adversidad que debe superarse.
    Sandra Bullock entregó el performance de su carrera y Clooney está sensacional como siempre.
    ¿Será esta la cinta que le de el Oscar a Cuarón? Sería precipitado dar una opinión al respecto, pero me parece que sería merecido.

    Creo que fuera de los clichés o el romanticismo con el que está manejado la película, la experiencia vale la pena.
    Saludos.

    • Saludos, estimado.

      Con gusto leeré tu reseña. Casi apostaría a que sí le dan el Oscar al señor Cuarón. En cuanto a lo de si Bullock ofreció el mejor performance de su carrera, la verdad es que no tengo elementos para afirmarlo. Lo que sé es que no estuvo mal. Eso sí. En fin, espero tu reseña, estimado.

  2. Genial, aunque debo hacer mención de un aspecto en el que no concuerdo: Clooney perece con estilo, debe dársele ese mérito.

    No pude evitar leer una lógica satreana en el plot, (existencialismo puro) así que esta película no me quedó a deber nada.
    Ni siquiera estoy indignada por la absurda manera en que no muere en el intento, es más, hasta lo agradezco, después de todo, ¿qué mejor manera de llevar filosofía a las masas? jeje.

    Saludos.

  3. Estoy de acuerdo contigo, Paty, pero no estoy de acuerdo contigo. Me explico: desde luego, morir flotando en el espacio exterior, en la soledad más infinita y absoluta, con las lejanísimas estrellas como único testigo, debe ser de las mejores formas de morir. Pero de ahí a sugerir que desenganchar una soga es morir con estilo… No sé, me parece que hay un paso enorme en tu aseveración. Sobre todo si consideras que el sacrificio del personaje secundario es un cliché más dentro del conjunto de la obra.

  4. Muy buen texto, y muy buena lectura del filme. Me gustaría abonar al tema mencionando una nota de “The Guardian” donde Cuarón habla sobre la presión de los estudios para incluir en el guión algunos clichés hollywoodenses que hubieran hecho garras la película. Por ejemplo: querían que hubiera flashbacks para explicar la historia del personaje principal, que se diera un romance evidente entre Bullock y Clooney y que al final la NASA rescatase a Bullock en una secuencia patriótica gringa.

    Por lo menos ahí sí convendría aplaudirle a (los) Cuarón por apegarse a sus ideas originales.

    http://www.theguardian.com/film/2013/oct/09/gravity-alfonso-cuaron-studio-pressure

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