Complejidad sin complejidad.

No soy fan de Edgar Morin. Respeto a quien lo considera como un intelectual del futuro, una bella luz en un horizonte oscuro. Pero desde mi perspectiva, sus argumentos son terriblemente facilistas (casi en el mismo sentido de la licuefacción baumaniana). Desde luego, éste no es el espacio para revisar detenidamente lo que ha dicho este, para algunos, venerable francés. Solo diré que la idea del pensamiento complejo me parece en extremo desafiante. A quién no. Pero estoy cierto que al igual que otros términos (i. e. la sustentabilidad, la globalización, el neoliberalismo, etc.), tiende a utilizarse en exceso, y de una manera brutalmente laxa: todo debe enmarcarse en la sustentabilidad; la economía está como está por la implementación a ultranza de un neoliberalismo rampante; la globalización de los valores euro-anglosajones homogeneiza las culturas, etc. Ello al grado de que las nociones se vacían por completo de todo contenido. ¿Por qué? Porque la moda ahora, en algunos sectores de la academia, consiste en poner de relieve la complejidad de los procesos sociales. Hilo negro sumergido en agua tibia. Ahora lo políticamente correcto es señalar el lugar de enunciación, y sugerir que en éste confluye una trama compleja de estructuras estructurantes, de procesos procesantes, de causas que a su vez son efectos que a su vez son causas ad nauseam… Pft. Todo eso no es sino enunciación sin enunciado. Pensamiento complejo sin complejidad. En este sentido, la posible potencia explicativa del concepto se diluye. Basta preguntarle a quien abandera la complejidad como pretexto: ¿de qué manera se hace operativo el concepto, de modo que éste sea realmente productivo en términos analíticos? Lo que quiero decir es que no basta con plantear: “mi investigación toma como punto de partida el pensamiento complejo”, o “hay que abordar la realidad en toda su complejidad, e integrar todas sus dimensiones al análisis”. Afirmar eso y decir nada es lo mismo: alude a todo y a nada a la vez. Aclaro: suscribo la perspectiva que sugiere que la realidad no es lineal, sino rizomática; que sus aristas interactúan y se transforman conforme posamos la mirada (analítica) sobre nuestros “objetos/sujetos” de estudio. Entiendo también que el pensamiento complejo postula la emergencia de un nuevo paradigma epistemológico situado más allá de la Razón moderna. Pero ¿exactamente en qué consiste dicho paradigma? ¿Algún norte? La respuesta es paradójica, un atolladero, y en ella radica, precisamente, la mayor debilidad de los asiduos al pensamiento complejo: en el mismo momento en que comienzan a elaborar una respuesta, caen de lleno en los cajoncitos consabidos del modo más tradicional del pensamiento: esto es así; aquello se coloca allá; a es una condición de b, etc. El pensamiento complejo abre las condiciones de posibilidad de su propia imposibilidad.

Sea pues.

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